Quiero dejar un mensaje claro: la maternidad no se parece en nada a lo que te venden en los comerciales, las redes sociales y las revistas.
Me encantaría quitar el velo rosado de romanticismo que cubre a la maternidad y darle esa cuota de realidad que tiene. Por empezar (y esto es absolutamente personal) ser madre no es lo mejor que te puede pasar en la vida. Ganarte un viaje a las Bahamas all inclusive en un concurso de radio podría serlo, pero ser madre no lo es.
Me detengo acá porque vale la aclaración: la persona que venga a decirme frases del tipo "y si no querías ser madre para que lo tuviste" o lo que es peor aún "hubieses cerrado las piernas", que cierre el esfinter porque suele ser el mismo perfil de individuo que cuando lo abortas proclama "el feto tiene sentimientos y era un potencial ingeniero".
Retomo: ser madre no es lo mejor que te puede pasar en la vida aunque debo reconocer que es la experiencia más trascendental que puedas tener; un viaje interior donde indefectiblemente debes cuestionarte todo lo que sabías (o creías saber) hasta el momento.
En segundo lugar así luce el cuerpo de una mujer a seis días de haber parido. Por que aunque muy a mi pesar tuve una cesárea, a mi hijo lo parí. Parí cada contracción, cada pujo que hice, parí los diez centímetros que dilaté y también la decisión de ir a cirugía cuando me dijeron que sus pulsaciones estaban bajando y que eso podía provocarle sufrimiento.
Y fue entonces que nacimos. Nació él -mi adorable hijo- y nací yo como madre. Además de nosotros dos nacieron la culpa, los miedos, el insomnio, la angustia. Y sobre todo nació un amor tan inmenso y desconocido que abruma. Un amor capaz de matar o morir por protegerle.
Con el nacimiento de un hijo también nacen un centenar de opinologos que creyeron y siguen creyendo saber mejor que vos cuáles son las necesidades de tu cachorro y ahora entiendo porque todas mis perras, al haber parido sus crías, le mostraban los dientes y gruñían a todo aquel que quisiera acercarse.
Y por último, como todo en la vida es cíclico para mantener el orden cósmico, existe también una muerte. Muere la mujer que eras: se extingue, desaparece, se esfuma. Mueren tus prioridades, tu ego, tu individualidad y tu identificación con el cuerpo. Muere tu apego a lo superficial.
Olvidate de vos amiga. Game over. Tirate de cabeza a las profundidades más oscuras de tu psiquismo para hacer la limpieza que no haces ni en tus placares cuando cambia la temporada. Ah... Vos sí querías ser madre? O sea, lo planeaste, lo buscaste, quedaste embarazada y hasta elegiste el día que nazca para que sea de Sagitario en vez de Capricornio? Da igual, la carga mental no discrimina. No te preocupes, todo se pondrá peor. ¿Te suena la frase: "chicos chicos problemas chicos. Chicos grandes problemas grandes"?. Es broma pero no es mentira.
Te salva la tribu. Armar red de contención. Gente que te escucha exorcisar los pensamientos más turbios y no te juzga. Por el contrario te hace un té, te compra un chocolate o lleva a la plaza a tu hijo para que puedas dormirte una siesta o depilarte el bozo. Agradezco y honro la muerte de esa que fuí y este renacer. Agradezco a mi León por haberme elegido como mamá. Agradezco a mi tribu que sostiene fuerte incluso cuando aparento que no me derrumbo. Y en especial a ese que, aunque los huevos solo los tuvo bien puestos para salir corriendo e huir de sus responsabilidades, sin saber -y sin querer- me hizo el mejor regalo posible.

Cruel pero verdadero, doloroso. Leonidas es tu amor incondicional.
ResponderEliminarLo es
EliminarExcelente
ResponderEliminarGracias
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