Hoy quiero hablar de mí. Ponerme en evidencia. Desnudarme un poco ante ustedes. No preparen los pochoclos, muchachos, que no voy a subir ningún videito porno.
Mis primeros años de soltería transcurrieron sumida en un estado desequilibrado pero estable. Salir sola, encontrarme con alguien o no, analizar las conductas humanas desde la butaca de la barra de algún bar. Nunca me gustó hacer muchos planes para salir por eso salgo mucho sola. O salía. ¿Sola, sola? Sí, solita. Me cambiaba, llamaba un taxi, entraba a algun bar, me sentaba a tomar vodka con naranja, y después de ahí todo era un misterio. No salía de levante, no necesariamente. Tampoco me quedaba toda la noche haciéndome la gata chocada. Simplemente no me gusta que otros decidan por mí; qué hacer, dónde ir, no me gusta ir al baño de a dos ni sentir culpa si me pinta irme a dormir de un momento a otro.
Un día me pasó algo raro, me rebelé a mí misma. Me cansé. Ya no quise pagar mas remises, aumentaron una bocha, loco. No quise ponerme más brillos ni tacos altos. No mas barras de bar. No quise escuchar preguntas absurdas ni típicas de hombres básicos y poco interesantes. Y sepanlo: NO, no me llamo ni María, ni Florencia, ni Paula ni Enriqueta.
Me llamo Dafne y soy una tiernita. Soy el cordero disfrazado de lobo. La típica mina que prepara una comida exquisita y llena de amor para intentar conquistar al chico que le gusta pero que para ella no se hace más que unos desabridos fideos blancos, con un chorro de aceite, y que los come directo de la olla.
Dejé de salir para ponerme a escribir. En ésta, si me disculpan, les voy a fallar. No sé si voy a hacerlos reír. Bueno, tampoco es que yo sea Adam Sandler, no?. Ahora, me quedo en casa todo el finde metida en la cama. O casi todo. Mi familia, de hecho, decidió apodarme "Clarita" en honor al personaje paralítico del dibujo animado "Heidi". Esa es la imágen que mi familia tiene de mí, unos hijos de puta. Tristísimo y gracioso a la vez. Porque entran a mi habitación y me dicen: "¿desea algo la señorita Clarita?" y yo les sacudo con lo primero que tengo a mano.
Mi mamá quiere que me consiga un novio. Creo que está preocupada por mí. "Tenés que conseguirte un novio", me repite. Un día estaba sentada frente a mi computadora chateando con el antigalán y no se me ocurrió mejor idea que escribirle para preguntárselo, que suicidarme.
-¿Querés ser mi novio?. - Apreté Enter.
-No.- Ese NO fue para mí como un Alt+ Ctrl+ Supr.
Hablé de ésto con mis amigas y también las escuché a ellas hablar de sus relaciones, de sus problemas, de sus terapias de pareja. Chicas, están todas en el horno. Automáticamente me sacan las ganas de tener uno. Es que acaso, ¿no es posible tener una relación de novios con el potencial de una relación de buenos amantes? Ah, ¿no?. Ok, entonces me la banco sola como buena Clarita que soy y me alegro de que me haya dicho que no. Porque quizá, por tercer invierno consecutivo, no tendré unas piernas peludas que me calienten el culo y las patas, pero tampoco voy a sostener discusiones absurdas en el supuesto nombre del amor.
Madre, no te preocupes por mí, mejor preocupate por ellas. Y lamento defraudarte una vez más. Porque no, no quiero un novio. Solo quiero que ÉL me abrace.
jueves, 16 de junio de 2011
martes, 14 de junio de 2011
LA BELLEZA CUESTA, DUELE, METE MIEDO Y HACE COMETER LOCURAS
No soy amiga de los noticieros, no me caen bien. Ellos no lo saben. Pero cada vez que coincidimos en el living de mi casa, los ignoro. Siempre negativos, con pálidas. Para pálida tengo la cara. "No vayas a estas calles", "No visites estos barrios después de las seis de la tarde". Me advierten, los densos. Yo no quiero tener miedo. El miedo paraliza, hace cometer locuras.
Mi hermana me invitó a tomar sopa con cabellos de Ángel. Eso, para mí, es lo mismo que ganarme una noche con Jason Statham. O incluso mejor. Algo raro nos ocurrió y, en este caso, no hubo ningún agente externo que lo justifique. La cuestión es que pudimos dialogar. Tan simple y tan complejo como eso. Nos reímos, lloramos, nos abrazamos y, como resultado y para mí sorpresa, me regaló diez sesiones de electrodos y plataforma vibratoria.
- Para vos. Que te quejás que estás medio rechonchita. Tomá. Tratá de hacer dieta, también.
-Bueno. ¿Gracias?.
Me mató con la explicación. No sabía si darle un beso o pegarle un cachetazo a la insolente.
Para quienes no los conocen, la plataforma vibratoria es una máquina alienígena capaz de escupirte la verdad a la cara, con un simple movimiento, y dejar en evidencia que no existe un solo músculo en tu cuerpo que esté ejercitado. Siquiera el cerebro, que te baila adentro del marote como los arroces en el palo de lluvia. Bueno, el corazón sí, pero si justo se te endurece ése, tenés una mala leche bárbara. Lo que sí hace es darte comezón en las piernas. Desesperante. Y unas hermosas ganas de mearte encima y de otras cosas también, pero no quiero ponerme tan escatológica.
El electrodo viene a ser algo así como dos cables pelados enroscados en una Ballerina, ese trapito amarillo que te deja pelusa en todos los artefactos y que encontrás detrás del inodoro de cualquier casa de familia. La ballerina, por supuesto, está humedecida con algún tipo de gel que bien podría ser el Cif antihongos. Calculá que te enchufan de seis a diez electrodos en el culo y lo que hacen, básicamente, es electrocutarte las cachas. Se te frunce, se te relaja. Se te frunce, se te relaja. La intensidad de la fruncida depende de dos factores: la voluntad para soportar el dolor y el apuro que tengas para que te quede el ojete de mesada. Todo eso transcurre mientras te lees la Papparazzi, dormís una siesta o le contás a la esteticista, que es una copada importante y está mas chapa que vos, lo bien que la pasaste la noche anterior.
Me desperté en el bondi justo cuando estaba parado en la calle Los Andes. ¡No!¡Mi parada! Me bajé de un salto y casi me estrello con el poste que indica la altura de la avenida. ¿Los Andes?¡¿Los Andes?! ¡Mis enemigos, los noticieros, no me recomiendan que ande sola a estas horas por estas calles! ¿Y ahora qué hago?¿Y si me pasa algo?¿Dos cuadras tengo que caminar? ¡NO!¡Tengo que cruzar una vía de tren! Ay, mamita, quien me manda a mí... ¡Tranquilizate!, ya llegás. ¿Qué hago?¡¿QUÉ HAGO?! ¡Ya sé! Le escribo un mensajito, le cuento esta tragedia. ¿Le escribo?¿Qué le pongo? La puta madreeee, que oscuro que está esto. Ya fue, yo le escribo. ¡Malditos noticieros metemiedos! Sí. Le escribo.
"Me estoy yendo a hacer electrodos a una calle que se llama Los Andes. Todavía no sé si voy a terminar con el culo parado o roto."
¡No! ¡Cómo le voy a poner eso!
-Che, que lindo edificio. Y que lindo gabinete. ¿Y esa máquina?
-Es la plataforma vibratoria.
Esto es así. La belleza cuesta y duele, ya sea en moneda corriente, en sacrificio o ambas. Los noticieros meten miedo. Y sí... el miedo hace cometer locuras.
Mi hermana me invitó a tomar sopa con cabellos de Ángel. Eso, para mí, es lo mismo que ganarme una noche con Jason Statham. O incluso mejor. Algo raro nos ocurrió y, en este caso, no hubo ningún agente externo que lo justifique. La cuestión es que pudimos dialogar. Tan simple y tan complejo como eso. Nos reímos, lloramos, nos abrazamos y, como resultado y para mí sorpresa, me regaló diez sesiones de electrodos y plataforma vibratoria.
- Para vos. Que te quejás que estás medio rechonchita. Tomá. Tratá de hacer dieta, también.
-Bueno. ¿Gracias?.
Me mató con la explicación. No sabía si darle un beso o pegarle un cachetazo a la insolente.
Para quienes no los conocen, la plataforma vibratoria es una máquina alienígena capaz de escupirte la verdad a la cara, con un simple movimiento, y dejar en evidencia que no existe un solo músculo en tu cuerpo que esté ejercitado. Siquiera el cerebro, que te baila adentro del marote como los arroces en el palo de lluvia. Bueno, el corazón sí, pero si justo se te endurece ése, tenés una mala leche bárbara. Lo que sí hace es darte comezón en las piernas. Desesperante. Y unas hermosas ganas de mearte encima y de otras cosas también, pero no quiero ponerme tan escatológica.
El electrodo viene a ser algo así como dos cables pelados enroscados en una Ballerina, ese trapito amarillo que te deja pelusa en todos los artefactos y que encontrás detrás del inodoro de cualquier casa de familia. La ballerina, por supuesto, está humedecida con algún tipo de gel que bien podría ser el Cif antihongos. Calculá que te enchufan de seis a diez electrodos en el culo y lo que hacen, básicamente, es electrocutarte las cachas. Se te frunce, se te relaja. Se te frunce, se te relaja. La intensidad de la fruncida depende de dos factores: la voluntad para soportar el dolor y el apuro que tengas para que te quede el ojete de mesada. Todo eso transcurre mientras te lees la Papparazzi, dormís una siesta o le contás a la esteticista, que es una copada importante y está mas chapa que vos, lo bien que la pasaste la noche anterior.
Me desperté en el bondi justo cuando estaba parado en la calle Los Andes. ¡No!¡Mi parada! Me bajé de un salto y casi me estrello con el poste que indica la altura de la avenida. ¿Los Andes?¡¿Los Andes?! ¡Mis enemigos, los noticieros, no me recomiendan que ande sola a estas horas por estas calles! ¿Y ahora qué hago?¿Y si me pasa algo?¿Dos cuadras tengo que caminar? ¡NO!¡Tengo que cruzar una vía de tren! Ay, mamita, quien me manda a mí... ¡Tranquilizate!, ya llegás. ¿Qué hago?¡¿QUÉ HAGO?! ¡Ya sé! Le escribo un mensajito, le cuento esta tragedia. ¿Le escribo?¿Qué le pongo? La puta madreeee, que oscuro que está esto. Ya fue, yo le escribo. ¡Malditos noticieros metemiedos! Sí. Le escribo.
"Me estoy yendo a hacer electrodos a una calle que se llama Los Andes. Todavía no sé si voy a terminar con el culo parado o roto."
¡No! ¡Cómo le voy a poner eso!
-Che, que lindo edificio. Y que lindo gabinete. ¿Y esa máquina?
-Es la plataforma vibratoria.
Esto es así. La belleza cuesta y duele, ya sea en moneda corriente, en sacrificio o ambas. Los noticieros meten miedo. Y sí... el miedo hace cometer locuras.
domingo, 12 de junio de 2011
COMO DESVIRGARSE EN EL FACEBOOK
Llevo tres días encabronadísima con Facebook porque descubrí, si no me alcanzaba ya con los problemas que tengo para sumarme también éste, que existe una forma de agregar a este blog, un link para que los menos cancheros con el tema del Blogger, puedan seguirme a través de ese medio con un simple "Me gusta" de esos que todos ya bien conocemos.
Estaba yo por el tercer día consecutivo intentando, ( y me permito hacer un paréntesis acá para decir que si alguno sabe cómo mierda hago ésto que me tiene boluda, me avise), y claramente sin éxito, lograr mi cometido, cuando me puse a chatear con un chico que es periodista, sumamente interesante para entablar conversaciones y, además, un total inútil en esto de las redes sociales. En ese instante, dejé de concentrarme en mi escritura para concentrarme en la conversación dinámica y agradable que me proporcionaba esta persona a la que, afortunadamente, ni la cara le conozco.
Aclaro esto porque, si él llegara a leer este posteo y yo le conociera la cara, podría prestarse a confusión. Podría pensar que le estoy devolviendo una gentileza o, lo que es peor aún, podría creer que me le estoy insinuando. Y no quiero verme nuevamente en la obligación de tener que aclararle a alguien que el kiosco cerró sus puertas hasta nuevo aviso, que estamos de reforma, stockeando, que hay posible comprador. Y el tampoco tendría ganas aclararme: "Tranquila que no pienso nada malo".
Cuando digo "devolver la gentileza", me refiero a que inició la conversación preguntándome si yo me dedicaba a esto, a escribir, profesionalmente o si se trataba sólo de un hobby y en realidad trabajaba en otra cosa. Obviamente largué la carcajada virtual. Esa en la que pones muchas "j" y muchas "a", incluso en mayúsculas, para que el otro se dé cuenta que te parece que te está tomando el pelo. Pero no, insistió en la pregunta y me dijo que cada vez que leía algo escrito por mí, le recordaba mucho a Hernán Casciari. Hernán Casciari es el creador, ni mas ni menos, del blog a partir del cual, posterioremente, se sacó el guión para la obra de Antonio Gasalla, "Mas respeto que soy tu madre". Y ahora escribe una revista blogueada llamada "Orsai".
El punto es que dejé de sentirme mal al enterarme que este muchacho no solo no podía ayudarme en mi búqueda desesperada sino que, además, no tenía ni tronco de idea de cómo hacer para mirar las fotos de otra persona, sin sentirse como el depravado vecino pajero que espía a la vecina que está buena y anda siempre en bolas, a través de la cerrradura. Y decidí darle algunos consejos útiles sobre como manejarse dentro de estas redes sociales que, en principio, te hacen sentir como a tu mamá cada vez que intenta prender el viejo cpu, y luego te inducen, en algunos casos como la digna solterona en que me convertí, a pasar horas y horas mirando todas las pavadas actualizadas una y otra vez.
Y me pareció que el gran tema a tener en cuenta, es la exhaustiva y minuciosa tarea de seleccionar la cantidad y el tipo de fotos, que se van a incluir como parte de nuestra historia clínica feizbukera. Porque claro, tuviste esa fiesta de disfraces re copada donde todos estaban en la misma que vos, y te parece bueno revivir ese momento de locura y diversión compartiéndolo con tus amigos. Pero al cabo de un tiempo, te das cuenta que tenés demasiadas fotos y que sería tiempo de hacer una revisión, un ajuste. Y ahí, ¡zas! Sin anestesia previa, alarma o luz roja, aparece esa foto del año del pedo donde tenés, porque recién ahora tomás real consciencia de eso, una cara de puta borracha irremontable. Cómo hacés para que entiendan las cuatrocientos setenta y nueve personas agregadas, con las que como máximo tenés un trato casual y esporádico, que eso se trató sólo de un instante, un mísero y fugaz segundo donde te tomaron por sorpresa y quedó ese retrato plasmado. Que vos no sos eso, o al menos no sólo eso.
Yeso para empezar, y si no contás con la mala suerte de tener un compañerito de la primaria o peor aún, de la secundaria, al que le parece sumamente gracioso cargar todas las fotos de fin de año donde puede verse cronológica y detalladamente, la amorfa fealdad con la que decidiste atravesar tu niñez y adolescencia, porque sí, además le dieron los huevos para etiquetarte con nombre y apellido.
Le dí además otros consejos feizbukeros y le conté, no sé por qué, que una vez me habían escrito un poema. Se lo pasé para que lo leyera y le encantó. A mí también me encanta. No solo porque es hermoso sino porque en sí está bueno que alguien te escriba algo. No entendí si a él alguna vez le escribieron algo o no, pero a mí me nació escribirle unas oraciones en tiempo real; mitad por haber cometido la halagadora exageración de compararme con un escritor como Hernán Casciari y mitad porque me hizo olvidar de la luna que tenía al no poder descifrar la manera de poner el "Me gusta" del facebook en éste, mi blog. Y le escribí esto:
"Muchas veces me paso horas en el facebook y me amargo cada vez que alguien me pone en el compromiso de tener que responder a una conversación que yo no inicié. Sobre todo cuando sé que del otro lado está sentada, parada o acostada una persona de la que sé, positivamente, que no tiene nada interesante que decir. Sin embargo vuelvo a amigarme con el sistema cuando descubro que del otro lado hay alguien que tiene algo para decir, por menos interesante que pueda parecer. Asi que agradezco que existan personas como vos, inteligentes y agradables, que pueden desarrollar una conversación, sea el tema que sea, profundo o banal, saliendo de la ridiculez del monosílabo y con las cuales poder compartir historias de vida, blogs, canciones, fasitos o un cafe con leche virtual. Personas que tiene seguridad para decir lo que piensan sin creer que quedan como boludos y que buscan herramientas para el diálogo. Asique gracias por hacer que esta noche me amigue nuevamente con el sistema y recuerde por qué, haber abierto un facebook, valía la pena."
Felíz desvirgada en las redes sociales.
Estaba yo por el tercer día consecutivo intentando, ( y me permito hacer un paréntesis acá para decir que si alguno sabe cómo mierda hago ésto que me tiene boluda, me avise), y claramente sin éxito, lograr mi cometido, cuando me puse a chatear con un chico que es periodista, sumamente interesante para entablar conversaciones y, además, un total inútil en esto de las redes sociales. En ese instante, dejé de concentrarme en mi escritura para concentrarme en la conversación dinámica y agradable que me proporcionaba esta persona a la que, afortunadamente, ni la cara le conozco.
Aclaro esto porque, si él llegara a leer este posteo y yo le conociera la cara, podría prestarse a confusión. Podría pensar que le estoy devolviendo una gentileza o, lo que es peor aún, podría creer que me le estoy insinuando. Y no quiero verme nuevamente en la obligación de tener que aclararle a alguien que el kiosco cerró sus puertas hasta nuevo aviso, que estamos de reforma, stockeando, que hay posible comprador. Y el tampoco tendría ganas aclararme: "Tranquila que no pienso nada malo".
Cuando digo "devolver la gentileza", me refiero a que inició la conversación preguntándome si yo me dedicaba a esto, a escribir, profesionalmente o si se trataba sólo de un hobby y en realidad trabajaba en otra cosa. Obviamente largué la carcajada virtual. Esa en la que pones muchas "j" y muchas "a", incluso en mayúsculas, para que el otro se dé cuenta que te parece que te está tomando el pelo. Pero no, insistió en la pregunta y me dijo que cada vez que leía algo escrito por mí, le recordaba mucho a Hernán Casciari. Hernán Casciari es el creador, ni mas ni menos, del blog a partir del cual, posterioremente, se sacó el guión para la obra de Antonio Gasalla, "Mas respeto que soy tu madre". Y ahora escribe una revista blogueada llamada "Orsai".
El punto es que dejé de sentirme mal al enterarme que este muchacho no solo no podía ayudarme en mi búqueda desesperada sino que, además, no tenía ni tronco de idea de cómo hacer para mirar las fotos de otra persona, sin sentirse como el depravado vecino pajero que espía a la vecina que está buena y anda siempre en bolas, a través de la cerrradura. Y decidí darle algunos consejos útiles sobre como manejarse dentro de estas redes sociales que, en principio, te hacen sentir como a tu mamá cada vez que intenta prender el viejo cpu, y luego te inducen, en algunos casos como la digna solterona en que me convertí, a pasar horas y horas mirando todas las pavadas actualizadas una y otra vez.
Y me pareció que el gran tema a tener en cuenta, es la exhaustiva y minuciosa tarea de seleccionar la cantidad y el tipo de fotos, que se van a incluir como parte de nuestra historia clínica feizbukera. Porque claro, tuviste esa fiesta de disfraces re copada donde todos estaban en la misma que vos, y te parece bueno revivir ese momento de locura y diversión compartiéndolo con tus amigos. Pero al cabo de un tiempo, te das cuenta que tenés demasiadas fotos y que sería tiempo de hacer una revisión, un ajuste. Y ahí, ¡zas! Sin anestesia previa, alarma o luz roja, aparece esa foto del año del pedo donde tenés, porque recién ahora tomás real consciencia de eso, una cara de puta borracha irremontable. Cómo hacés para que entiendan las cuatrocientos setenta y nueve personas agregadas, con las que como máximo tenés un trato casual y esporádico, que eso se trató sólo de un instante, un mísero y fugaz segundo donde te tomaron por sorpresa y quedó ese retrato plasmado. Que vos no sos eso, o al menos no sólo eso.
Yeso para empezar, y si no contás con la mala suerte de tener un compañerito de la primaria o peor aún, de la secundaria, al que le parece sumamente gracioso cargar todas las fotos de fin de año donde puede verse cronológica y detalladamente, la amorfa fealdad con la que decidiste atravesar tu niñez y adolescencia, porque sí, además le dieron los huevos para etiquetarte con nombre y apellido.
Le dí además otros consejos feizbukeros y le conté, no sé por qué, que una vez me habían escrito un poema. Se lo pasé para que lo leyera y le encantó. A mí también me encanta. No solo porque es hermoso sino porque en sí está bueno que alguien te escriba algo. No entendí si a él alguna vez le escribieron algo o no, pero a mí me nació escribirle unas oraciones en tiempo real; mitad por haber cometido la halagadora exageración de compararme con un escritor como Hernán Casciari y mitad porque me hizo olvidar de la luna que tenía al no poder descifrar la manera de poner el "Me gusta" del facebook en éste, mi blog. Y le escribí esto:
"Muchas veces me paso horas en el facebook y me amargo cada vez que alguien me pone en el compromiso de tener que responder a una conversación que yo no inicié. Sobre todo cuando sé que del otro lado está sentada, parada o acostada una persona de la que sé, positivamente, que no tiene nada interesante que decir. Sin embargo vuelvo a amigarme con el sistema cuando descubro que del otro lado hay alguien que tiene algo para decir, por menos interesante que pueda parecer. Asi que agradezco que existan personas como vos, inteligentes y agradables, que pueden desarrollar una conversación, sea el tema que sea, profundo o banal, saliendo de la ridiculez del monosílabo y con las cuales poder compartir historias de vida, blogs, canciones, fasitos o un cafe con leche virtual. Personas que tiene seguridad para decir lo que piensan sin creer que quedan como boludos y que buscan herramientas para el diálogo. Asique gracias por hacer que esta noche me amigue nuevamente con el sistema y recuerde por qué, haber abierto un facebook, valía la pena."
Felíz desvirgada en las redes sociales.
miércoles, 8 de junio de 2011
YO TENGO BIGOTES, PERO ¿TANTO SE ME NOTAN?
Si hay algo que repudio desde lo mas profundo de mi alma es la errónea creencia, mito urbano o afirmación, de decir que "las hermanas de los amigos tienen bigotes". No porque no los tengamos. Quiero decir, depilarse el bozo (y que alguna mujer se atreva a negármelo), es de las experiencias mas dolorosas a la que debe exponerse el género femenino. Quizá después de eso venga el cavado completo y después, solo después, en un tercer lugar y casi sin hacerle sombra a las anteriores, se encuentre el acto de parir. Yo, que gozo del privilegio de tener bigotes rubios, no te voy negar que estiro hasta el máximo posible el tiempo que transcurre entre cera de miel y de cera de miel. Pero no por nada en especial. Sucede que cada vez que salgo del gabinete estoy convertida, sin ningún tipo de consideración, en un monstruo. Salgo a la vida con la cara toda bordó, hinchada, desfigurada, como si un profesional del body painting me hubiese remarcado los labios y las cejas con un fibrón fucsia trazo grueso. Y como con eso no basta para sentirme bien feita, seguro voy por la calle toda camuflada, mirando el piso y alguien reconoce mi chuequera, mi pelo largo o la ropa que tengo puesta y me frena para saludarme. Y ahí estoy yo, horriblemente inflamada, tratando de hacerme la boluda, la que no me importa, mientras alguien me habla con una expresión en la cara mezcla de espanto y compasión. Aclaro que al que se le ocurra, a partir de esta confesión, hablarme mirándome el contorno de la boca, lo emboco con una piña y sin dar explicaciones.
Pero volvamos al tema inicial. Decir eso, afirmar esa farsa de que si tenés un hermano varón, no podés acceder al privilegio de masticarte a ninguno de sus amigos, es de las mentiras mas grandes que se inventaron en la historia de la humanidad. Ésa, y sostener con total y escandalosa caradurez, que "la cama de los padres es sagrada". Basta que alguien tenga la mala idea de recordartelo para que te venga desde lo mas retorcido de las tripas, la intención de querer saltarle a la yugular a ese bombonazo que viene a tu casa de vez en cuando y, de ser más oscuro y turbio todavía el pensamiento humano, en la habitación de tus ya separados padres, por qué no. Dale, a mí no me mientas. ¿Quién no osó alguna vez chamuyarse al amiguito copado que viene de vez en cuando de visita?¿Quién no fantaseó con que ese bombón finalmente se decida a cagarse en el mandato "amiguístico" impuesto por los celosos hermanos varones quienes, te lo aseguro, tienen también la clara intención de bajarle la caña a cualquiera de tus amigas, apenas vos y ellas, se descuiden.
A mí que mi hermano me perdone pero, alguna que otra vez y si la memoria selectiva no me falla, no me quedo mas alternativa que hincarle el diente a algún especimen involucrado dentro de su enorme grupo de amistades. Porque claro, si él pretende que tanto sus amigos como yo nos quedemos en el molde haciendo de cuenta que nada pasa, que tenga un poco de piedad y trate de elegirse amigos fieros. Pero no, no solo no se percata de eso, sino que además nació con el don de la sociabilización y tiene amigos de la primaria, de la secundiaria, de la terciaria, cuaternaria, los del hotel, los del mercado, del barrio, los longboardistas, los amigos de sus amigos, los amigos de su ex novia, los ex novios de sus amigas, los hermanos de sus amigos y resulta que entonces parece que se puso de acuerdo para hacerse amigo de toooodos los tipos que habitan la ciudad. Entonces ya me inhabilita por completo, me corta las piernas, me condena a tener que mirar para otro lado, a dejarme largos los bigotes con total alevosía para no parecerle atractiva a nadie.
Asumanlo, porque saberlo ya lo saben. Todos, aunque mas no sea una mísera vez en nuestra vida hemos pecado al caer en las redes seductoras de algún amegueto lendo de nuestros hermanos. Y seguro que la culpa no fue nuestra, no. Él nos sedujo, nos provocó, nos hizo pisar el palito. Yo blanquee con mi hermano en plena adolescencia, allá donde las hormonas todavía no se dejan influenciar por el razonamiento, que rompí con el mito. De una. Para eso soy una de sus hermanas mayores. ¿Cómo se lo dije? Mmmm. Decir, lo que se dice la palabra "decir", diría que no se lo dije. Mas bien, no le quedó otra que enterarse cuando me falló el cálculo y el oído y, al entrar inocentemente a buscar algo a la casa, me encontró apretando desaforadamente con uno de ellos. Y sí, en la cama de mis viejos.
Pero volvamos al tema inicial. Decir eso, afirmar esa farsa de que si tenés un hermano varón, no podés acceder al privilegio de masticarte a ninguno de sus amigos, es de las mentiras mas grandes que se inventaron en la historia de la humanidad. Ésa, y sostener con total y escandalosa caradurez, que "la cama de los padres es sagrada". Basta que alguien tenga la mala idea de recordartelo para que te venga desde lo mas retorcido de las tripas, la intención de querer saltarle a la yugular a ese bombonazo que viene a tu casa de vez en cuando y, de ser más oscuro y turbio todavía el pensamiento humano, en la habitación de tus ya separados padres, por qué no. Dale, a mí no me mientas. ¿Quién no osó alguna vez chamuyarse al amiguito copado que viene de vez en cuando de visita?¿Quién no fantaseó con que ese bombón finalmente se decida a cagarse en el mandato "amiguístico" impuesto por los celosos hermanos varones quienes, te lo aseguro, tienen también la clara intención de bajarle la caña a cualquiera de tus amigas, apenas vos y ellas, se descuiden.
A mí que mi hermano me perdone pero, alguna que otra vez y si la memoria selectiva no me falla, no me quedo mas alternativa que hincarle el diente a algún especimen involucrado dentro de su enorme grupo de amistades. Porque claro, si él pretende que tanto sus amigos como yo nos quedemos en el molde haciendo de cuenta que nada pasa, que tenga un poco de piedad y trate de elegirse amigos fieros. Pero no, no solo no se percata de eso, sino que además nació con el don de la sociabilización y tiene amigos de la primaria, de la secundiaria, de la terciaria, cuaternaria, los del hotel, los del mercado, del barrio, los longboardistas, los amigos de sus amigos, los amigos de su ex novia, los ex novios de sus amigas, los hermanos de sus amigos y resulta que entonces parece que se puso de acuerdo para hacerse amigo de toooodos los tipos que habitan la ciudad. Entonces ya me inhabilita por completo, me corta las piernas, me condena a tener que mirar para otro lado, a dejarme largos los bigotes con total alevosía para no parecerle atractiva a nadie.
Asumanlo, porque saberlo ya lo saben. Todos, aunque mas no sea una mísera vez en nuestra vida hemos pecado al caer en las redes seductoras de algún amegueto lendo de nuestros hermanos. Y seguro que la culpa no fue nuestra, no. Él nos sedujo, nos provocó, nos hizo pisar el palito. Yo blanquee con mi hermano en plena adolescencia, allá donde las hormonas todavía no se dejan influenciar por el razonamiento, que rompí con el mito. De una. Para eso soy una de sus hermanas mayores. ¿Cómo se lo dije? Mmmm. Decir, lo que se dice la palabra "decir", diría que no se lo dije. Mas bien, no le quedó otra que enterarse cuando me falló el cálculo y el oído y, al entrar inocentemente a buscar algo a la casa, me encontró apretando desaforadamente con uno de ellos. Y sí, en la cama de mis viejos.
domingo, 5 de junio de 2011
SOÑAR DESPIERTA
Tuve un sueño. Dicen que soñamos todas las noches y mucha cantidad de veces. No suelo recordar los sueños que tuve. Pero se nota que cuando lo hago, cuando los recuerdo, es porque soñé a lo grande. Y una vez, tuve un sueño re copado. Esos que cuando los estás atravesando, los asimilás de tal forma, que parecen suceder en verdad. Ser reales, materializarse.
Soñé que fuí al concierto de un cantautor español que admiro mucho. Al terminar me acerqué a comprarle sus discos y que me autografiara uno. Conversamos por un rato y al cabo de un tiempo, éramos amigos. Lo invité a comer unas pizzas y tomar gin tonics. Aceptó. Mi vida no sería la misma a partir de eso. Nunca más. Escuché sus discos en casa y le escribí para comentarle lo diferente que me sentía a partir de su música. Los meses pasaron. La vida siguió casi como de costumbre. El destino o la casualidad, si es que acaso existen tales cosas, se pusieron de acuerdo para que él regresara a mi ciudad.
Nos fuímos de copas e historias maravillosas que, contadas de su boca, cobran la mayor cantidad de intensidad y aventura, posibles.
-Me haría mucha ilusión que en tus vacaciones te vinieras a España de visita. Yo te invito. Organizo una mini gira y te llevo a mi conocer mi país. ¿Que me dices?
Me ahogué con el vodka con naranja. Debía de tratarse de una broma. Esas historias que solo suceden en películas como Notting Hill, no estaban escritas para mortales como yo. Tenía que haber un error. Definitivamente, no soy de esa clase de personas que llaman a Susana Gimenez una vez y se ganan un millón de pesos. No. Lo máximo que me gané en mi vida fue una bicicleta playera de Arcor, por comprar golosinas en los recreos del colegio; un walkman, sorteo del mercadito de barrio, el cual nunca funcionó y un celular en Avon por superar la venta mensual, aunque eso fue mérito mío asique no cuenta. Pero nada mas.
Pero pará!! Si esto es sueño, me puede pasar a mí. ¿Por qué no?
-Claro, me encantaría. Brindemos por eso.
En mi sueño, conseguía el pasaporte que no tenía en tan solo quince días, un permiso laboral de tres días extras a mis vacaciones, setecientos euros prestados, e ingresar a un país, donde se le negaba la entrada a todo extranjero, como si fuera ni mas ni menos que mi hogar.
En mi sueño, llegué a España luego de doce horas de viaje para salir a la ruta y estar, seis horas mas tarde, cenando Pulpo a la Gallega en un mesón tradicional de Santiago de Compostela, donde parece que llovía todo el año, pero a mí me recibia con dos días de sol radiante y calor. Visité su catedral en año Xacobeo.
En mi sueño, fuí a la playa de As Catredais, a Gijón, a Santander, visité Madrid. Estuve en Granada, caminé "La Mezquita" en Córdoba, observé desde todos los ángulos al Acueducto de Segovia. Tomé sol, en pleno octubre y con 33 grados, en Islas Canarias. Recorrí las calles de Toledo, Palencia, Luarca, Cudilleros, Málaga, Sevilla. Viví la historia de Urueña, el pueblo amurallado donde viven cien personas pero hay nueve librerías y cuatro museos. Me deslumbré en Zaragoza. Visité Ciudad Real.
En mi sueño, mi amigo cantautor era mi mejor guía, mi compañero, mi motor. Él me escribía uno o dos poemas, me dedicaba canciones, me enseñaba nuevas melodías, me contaba mas de sus fascinantes historias , me relataba anécdotas de guerras, conquistadores, rivalidades históricas dentro de un mismo territorio. Me cocinaba exquisitas tortillas de papas, me preparaba el desayuno cada mañana. Me presentaba también a otros músicos, escritores, soñadores como él y como yo, actores y actrices, periodistas; y a una parte de su familia.
En mi sueño no sólo conocí al músico, al artista, sino también a la persona. Lo conocí.
En mi sueño además, tomaba mojitos en "El Rubicón", gin tonics en "La Campana de los Perdidos", cubatas en "La Tertulia", destornilladores en "La Botica", vodkas en "Pachamama",cañas a lo largo de todo "el tubo", bebía "hasta la penúltima" en Ciudad Real, mas destornilladores en "La Espiga Taberna", aguas en "La Estación". Dormía en casas de familia, hoteles con encanto, departamentos de mujeres solteras.
En mi sueño, recorría miles y miles de kilómetros en rutas rodeadas de paisajes maravillosos, de olivos, de montañas y de llanos; cantando a los gritos tangos de Tita Merello, canciones de Charly, León, Calamaro.
En mi sueño, a todos les gustaba mi acento. Festejé Halloween rodeada de personas, calles y bares vestidos para la ocasión. Me encontré con dos o tres argentinos. Fumé hachis.
En mi sueño, no hubo lobos disfrazados de abuelitas, manzanas envenenadas, dragones feroces ni hadas hechiceras. Pero sí hubo un héroe: mi amigo cantautor.
Como en todo sueño, por mas intenso y maravilloso que sea, hubo un momento en que tuve que despertar. No no. Dejame un ratito más. Daaaale, cinco minutitos mas y me despierto. No hubo caso, me desperté nomás. Al hacerlo, me encontré sentada en el comedor de mi casa, rodeada de mi familia, repartiendo recuerdos, regalos y mostrando fotos.
Todo pudo haber sido un sueño y, a decir verdad, maravilloso. Pero existe una sola verdad indiscutible en esta historia: siempre pero siempre y pase lo que pase, voy a atesorar su amistad en el rincón mas cálido y profundo de mi corazón.
Felíz cumpleaños y gracias por dejarme soñar a tu lado.
Soñé que fuí al concierto de un cantautor español que admiro mucho. Al terminar me acerqué a comprarle sus discos y que me autografiara uno. Conversamos por un rato y al cabo de un tiempo, éramos amigos. Lo invité a comer unas pizzas y tomar gin tonics. Aceptó. Mi vida no sería la misma a partir de eso. Nunca más. Escuché sus discos en casa y le escribí para comentarle lo diferente que me sentía a partir de su música. Los meses pasaron. La vida siguió casi como de costumbre. El destino o la casualidad, si es que acaso existen tales cosas, se pusieron de acuerdo para que él regresara a mi ciudad.
Nos fuímos de copas e historias maravillosas que, contadas de su boca, cobran la mayor cantidad de intensidad y aventura, posibles.
-Me haría mucha ilusión que en tus vacaciones te vinieras a España de visita. Yo te invito. Organizo una mini gira y te llevo a mi conocer mi país. ¿Que me dices?
Me ahogué con el vodka con naranja. Debía de tratarse de una broma. Esas historias que solo suceden en películas como Notting Hill, no estaban escritas para mortales como yo. Tenía que haber un error. Definitivamente, no soy de esa clase de personas que llaman a Susana Gimenez una vez y se ganan un millón de pesos. No. Lo máximo que me gané en mi vida fue una bicicleta playera de Arcor, por comprar golosinas en los recreos del colegio; un walkman, sorteo del mercadito de barrio, el cual nunca funcionó y un celular en Avon por superar la venta mensual, aunque eso fue mérito mío asique no cuenta. Pero nada mas.
Pero pará!! Si esto es sueño, me puede pasar a mí. ¿Por qué no?
-Claro, me encantaría. Brindemos por eso.
En mi sueño, conseguía el pasaporte que no tenía en tan solo quince días, un permiso laboral de tres días extras a mis vacaciones, setecientos euros prestados, e ingresar a un país, donde se le negaba la entrada a todo extranjero, como si fuera ni mas ni menos que mi hogar.
En mi sueño, llegué a España luego de doce horas de viaje para salir a la ruta y estar, seis horas mas tarde, cenando Pulpo a la Gallega en un mesón tradicional de Santiago de Compostela, donde parece que llovía todo el año, pero a mí me recibia con dos días de sol radiante y calor. Visité su catedral en año Xacobeo.
En mi sueño, fuí a la playa de As Catredais, a Gijón, a Santander, visité Madrid. Estuve en Granada, caminé "La Mezquita" en Córdoba, observé desde todos los ángulos al Acueducto de Segovia. Tomé sol, en pleno octubre y con 33 grados, en Islas Canarias. Recorrí las calles de Toledo, Palencia, Luarca, Cudilleros, Málaga, Sevilla. Viví la historia de Urueña, el pueblo amurallado donde viven cien personas pero hay nueve librerías y cuatro museos. Me deslumbré en Zaragoza. Visité Ciudad Real.
En mi sueño, mi amigo cantautor era mi mejor guía, mi compañero, mi motor. Él me escribía uno o dos poemas, me dedicaba canciones, me enseñaba nuevas melodías, me contaba mas de sus fascinantes historias , me relataba anécdotas de guerras, conquistadores, rivalidades históricas dentro de un mismo territorio. Me cocinaba exquisitas tortillas de papas, me preparaba el desayuno cada mañana. Me presentaba también a otros músicos, escritores, soñadores como él y como yo, actores y actrices, periodistas; y a una parte de su familia.
En mi sueño no sólo conocí al músico, al artista, sino también a la persona. Lo conocí.
En mi sueño además, tomaba mojitos en "El Rubicón", gin tonics en "La Campana de los Perdidos", cubatas en "La Tertulia", destornilladores en "La Botica", vodkas en "Pachamama",cañas a lo largo de todo "el tubo", bebía "hasta la penúltima" en Ciudad Real, mas destornilladores en "La Espiga Taberna", aguas en "La Estación". Dormía en casas de familia, hoteles con encanto, departamentos de mujeres solteras.
En mi sueño, recorría miles y miles de kilómetros en rutas rodeadas de paisajes maravillosos, de olivos, de montañas y de llanos; cantando a los gritos tangos de Tita Merello, canciones de Charly, León, Calamaro.
En mi sueño, a todos les gustaba mi acento. Festejé Halloween rodeada de personas, calles y bares vestidos para la ocasión. Me encontré con dos o tres argentinos. Fumé hachis.
En mi sueño, no hubo lobos disfrazados de abuelitas, manzanas envenenadas, dragones feroces ni hadas hechiceras. Pero sí hubo un héroe: mi amigo cantautor.
Como en todo sueño, por mas intenso y maravilloso que sea, hubo un momento en que tuve que despertar. No no. Dejame un ratito más. Daaaale, cinco minutitos mas y me despierto. No hubo caso, me desperté nomás. Al hacerlo, me encontré sentada en el comedor de mi casa, rodeada de mi familia, repartiendo recuerdos, regalos y mostrando fotos.
Todo pudo haber sido un sueño y, a decir verdad, maravilloso. Pero existe una sola verdad indiscutible en esta historia: siempre pero siempre y pase lo que pase, voy a atesorar su amistad en el rincón mas cálido y profundo de mi corazón.
Felíz cumpleaños y gracias por dejarme soñar a tu lado.
miércoles, 1 de junio de 2011
QUE LOS CUMPLAS... ¿FELÍZ?
Mi hermano mañana cumple años. Es lindo cumplir años.
Sobre todo cuando sos varón porque te ponés mas hombre, mas macho. Los hombres en general y a mi criterio, tienen la misma regla que los vinos: cuanto mas añejos, mejores. A mi hermano le pasa eso, quizá porque es MI hermano, pero le pasa. A las mujeres, sin embargo, no nos sucede lo mismo. No a todas. No a mí.
A mí, el mismísimo día de mi cumpleaños, y casi como una burla desubicada e innecesaria del destino, me salieron tres canas. No una. No dos. TRES. Un número de mierda, impar, en un cumpleaños de mierda como es el número veinticinco. Impar. No me gustan los números impares en especial el tres y el veinticinco que llegaron a mi vida para cagarme en la cabeza en forma de hilos de plata. No podía heredar como mis hermanas los turgentes y desbordantes pechos de mi madre, no. A mí, por ser la última mujer del equipo, me tenían reservadas ni mas ni menos que la ñata y el casco nevado, unas copadas ellas.
Alguien me dijo una vez que a partir de los treinta lo único que se te sube son las encías, el resto de los tejidos móviles del cuerpo sufren un irremediable y progresivo deterioro que confirman a rajatabla la teoría de Darwin. A mí se me adelantó la teoría cinco años. ¿Cabe decir que es un número impar?. Lo dudo. Pero ya lo asumí, ehhhhh. Tranca. Los de los números impares, digo. Y lo de las canas también, que a esta fecha suman 17. Ya no me preocupan, no, total ahora mis amigos, familiares y compañeros de trabajo se preocupan por mí cuando me dicen: "Boluda!!! Mirá la cana que se te asoma ahí!!!". Que obviamente no es mas que un alambre de púa, rebelde, tieso, casi una réplica exacta de los pelos de otra parte del cuerpo ( lo único que espero es que no se me vaya a mimetizar también la cara). Ahora tengo toda la energía puesta en las contracturas cervicales crónicas, la lumbalgia que llegó hace dos meses y se siente tan cómoda que tiene pensado quedarse de vacaciones un poco mas, el ciático, las várices, la celulitis y tooooooodos esos hermosos obsequios que te vienen grabados en el adn cromosómico y la genética familiar.
No. No digas que soy una mal atendida. Eso ya lo sé. Decime algo que no sepa, de última. Porque no, tampoco tengo la suerte de mis amigas que vienen a mí llorando, desgarradas porque se pelearon con sus novios (a las cuales pareciera que se les olvidase que fueron ellas quienes los dejaron), y un mes después aparecen ante mí íntegras, producidas y depiladas hasta la tira de cola, porque OH! se consiguieron otro novio. Y no un chongo de paso. No un garch and go. NO. Un novio, con todas las letras. Hecho y derecho. De esos que te escriben los mensajes de amor que yo tengo que escuchar con fingida cara de sorpresiva fascinación una y otra vez, en boca de mujeres correspondidas. Porque claro, a mi conseguirme uno ¿cuánto tiempo me puede llevar? ¿dos míseros añitos, quizá tres? Y sí, seguro que son tres... o veinticinco.
Pero estoy bien, che! Que no se diga por ahí lo contrario. Me puse a dieta asique esta noche seguro que mientras todos le estén entrando violentamente a una hamburguesa completa con aderezos, yo seguro voy a estar comiendo una ensalada ayurveda.
Mi hermano mañana cumple años. Es lindo cumplir años.
Sobre todo cuando sos varón porque te ponés mas hombre, mas macho. Los hombres en general y a mi criterio, tienen la misma regla que los vinos: cuanto mas añejos, mejores. A mi hermano le pasa eso, quizá porque es MI hermano, pero le pasa. A las mujeres, sin embargo, no nos sucede lo mismo. No a todas. No a mí.
A mí, el mismísimo día de mi cumpleaños, y casi como una burla desubicada e innecesaria del destino, me salieron tres canas. No una. No dos. TRES. Un número de mierda, impar, en un cumpleaños de mierda como es el número veinticinco. Impar. No me gustan los números impares en especial el tres y el veinticinco que llegaron a mi vida para cagarme en la cabeza en forma de hilos de plata. No podía heredar como mis hermanas los turgentes y desbordantes pechos de mi madre, no. A mí, por ser la última mujer del equipo, me tenían reservadas ni mas ni menos que la ñata y el casco nevado, unas copadas ellas.
Alguien me dijo una vez que a partir de los treinta lo único que se te sube son las encías, el resto de los tejidos móviles del cuerpo sufren un irremediable y progresivo deterioro que confirman a rajatabla la teoría de Darwin. A mí se me adelantó la teoría cinco años. ¿Cabe decir que es un número impar?. Lo dudo. Pero ya lo asumí, ehhhhh. Tranca. Los de los números impares, digo. Y lo de las canas también, que a esta fecha suman 17. Ya no me preocupan, no, total ahora mis amigos, familiares y compañeros de trabajo se preocupan por mí cuando me dicen: "Boluda!!! Mirá la cana que se te asoma ahí!!!". Que obviamente no es mas que un alambre de púa, rebelde, tieso, casi una réplica exacta de los pelos de otra parte del cuerpo ( lo único que espero es que no se me vaya a mimetizar también la cara). Ahora tengo toda la energía puesta en las contracturas cervicales crónicas, la lumbalgia que llegó hace dos meses y se siente tan cómoda que tiene pensado quedarse de vacaciones un poco mas, el ciático, las várices, la celulitis y tooooooodos esos hermosos obsequios que te vienen grabados en el adn cromosómico y la genética familiar.
No. No digas que soy una mal atendida. Eso ya lo sé. Decime algo que no sepa, de última. Porque no, tampoco tengo la suerte de mis amigas que vienen a mí llorando, desgarradas porque se pelearon con sus novios (a las cuales pareciera que se les olvidase que fueron ellas quienes los dejaron), y un mes después aparecen ante mí íntegras, producidas y depiladas hasta la tira de cola, porque OH! se consiguieron otro novio. Y no un chongo de paso. No un garch and go. NO. Un novio, con todas las letras. Hecho y derecho. De esos que te escriben los mensajes de amor que yo tengo que escuchar con fingida cara de sorpresiva fascinación una y otra vez, en boca de mujeres correspondidas. Porque claro, a mi conseguirme uno ¿cuánto tiempo me puede llevar? ¿dos míseros añitos, quizá tres? Y sí, seguro que son tres... o veinticinco.
Pero estoy bien, che! Que no se diga por ahí lo contrario. Me puse a dieta asique esta noche seguro que mientras todos le estén entrando violentamente a una hamburguesa completa con aderezos, yo seguro voy a estar comiendo una ensalada ayurveda.
Mi hermano mañana cumple años. Es lindo cumplir años.
domingo, 29 de mayo de 2011
MI ROLANDO RIVAS (La Yapa)
Para todos los que me escribieron, preguntaron y casi exigieron una explicación sobre la historia de "Mi Rolando Rivas", decidí añadir este posteo. No pretendía dejarles ese sabor amargo de la incertidumbre. Bueno, un poco sí. Pero no esperaba que tuviera tanta repercusión ese deselance tragicómico y, menos que menos, que muchos de ustedes se sintieran en la necesidad de interrogarme sobre si mi relato se acercaba a la realidad de lo acontecido. Si todo acababa así. Si no había nada mas después de eso. Asique acá les va un regalito extra, una yapa, un posdata, un aguinaldo, otra ronda que paga la casa. Que lo disfruten. Alérgicos a la cursilería, abstenerse. Nuevos lectores, sugiero leer antes de este posteo, "Mi Rolando Rivas" (primera parte y segunda y última parte) así comprenden un poco mejor de qué se trata. Chau
Me estaba preocupando, mi Rolando Rivas no daba señales de vida por ningún medio posible. No supe de su accidente de tránsito sino hasta pasado el mediodía cuando, entre la gente que recorría el paseo mirando las vidrieras de los negocios, vislumbré la imágen de un hombre que se acercaba todo roto pero con el mismo aire triunfal de Will Smith cuando salva al mundo en "Día de la Independencia". Rengueaba y me miraba sonriente pero dolorido. Fuí corriendo a su encuentro aunque no pude saltar a su cintura , en cámara lenta y con los pelos agitados por el amor, para besarlo con la pasión de las películas.
-¡¿Qué te pasó?!
-Me la dí anoche con el bondi. Estoy acá de pedo. Casi no la cuento.
-Vení, entrá, tomemos un café.
-A mí mejor pedime un container de Diclofenac.
Me contó el accidente con lujo de detalles entre queja y queja por el dolor que sentía en las costillas.
-Y el médico ¿qué te dijo?
-¿Qué médico? Ningún médico. Con el quilombo que se me viene ahora en el laburo al único que llamé fue a mi amigo abogado, para que me asesorara y me acompañara a escabiarme.
-Asi que no te vió ningún médico...
-No. Pero me acosté con un pedo morboso y un dolor pesado en todo el cuerpo. Además si iba al hospital, me iban a querer dejar internado. Y yo tenía que desayunar con vos.
Se fue un rato antes de que llegara mi relevo. Tenía que ir a la empresa a esperar que determinaran su futuro. Yo llegué a casa y me fuí a correr. Porque sí, en algún momento fuí deportista. Llegué a la rotonda de Waikiki y lo encontré sentado solo, fumando sin parar, atónito, deprimido, mirando las huellas de una frenada violenta con dos ruedas sobre el pasto y dos sobre el asfalto, con una columna de luz desaparecida y la otra doblada.
-Con treinta días me rajaban a la mierda. Veintinueve me dieron, sin goce de sueldo. ¿Vamos hoy a la noche a tomar por algo por ahí para festejar que por lo menos sigo vivo? Decime que sí. Teneme lástima y salgamos. Mirá que la semana que viene no voy a tener guita para invitarte a hacer nada. Aprovechame ahora.
-Sí.
Nos besamos. Un asco. La combinación explosiva de su aliento a doscientos cigarrillos y lo salado de mi transpiración facial. Un verdadero asco. Salimos esa noche. Yo estaba con mi mejor amiga. Él apareció con el boga. Ellos ni se hablaban, nosotros no parábamos de besarnos. Dos desubicados... ellos, que ni se hablaron. Yo me moría por dormir en sus brazos y él, por el dolor de rodilla, espalda y costillas.
-Esto es así. Hoy te quedás con tu amiga y yo me voy con el mío. En la semana nos vemos, nos acostamos y te llevo a tu casa. ¿Te parece?
-Perfecto.
No habría nada después de eso. Era lo correcto. Lo pactado en el café. Lo necesario. Los días siguientes se apareció a desayunar conmigo. Una tarde esperó hasta que salí del trabajo y me invitó a dormir la siesta. Acepté. Llegamos al telo, charlamos demasiado tiempo y comenzamos a desvestirnos. No pudimos tener sexo.
-No sé lo que me pasa. No te voy a mentir, no es la primera vez que me pasa. Pero antes me pasó por otros motivos. Sí es la primera vez que me pasa porque me gusta alguien demasiado. Mi cabeza está yendo mas rápido que mi cuerpo. En mi cabeza ya te garché como seis veces, pero todavía ni se me paró. Si mañana no me atendés mas el teléfono, te aplaudo. Te felicito. Es lo mínimo que me merezco por ser tan pelotudo. Es más, merezco que se lo cuentes a todas tus amigas y me señalen. Ahora si me bancás, voy un toque hasta el baño a cortármela y vuelvo. Andá llamando a Cardio.
Me enamoré perdidamente de él. En todos sus aspectos. De su honestidad y de su sonrisa por sobre todas las cosas. Y estábamos en un problema terrible. Su novia volvería en una semana de Buenos Aires. Yo tenía que resolver ese "tiempo" que me había tomado con el mío.
-¿Sabés que pasa?- me gritó desde el baño. - La culpa es tuya porque a mí jamás se me cruzó por la cabeza que vos algún día podías llegar a darme bola, ¿entendés?. Vos sos la típica mina que se sube al bondi, tiene un novio con una 4x4 esperándola, son felices, y nunca pero nunca se va a fijar en un tipo como yo. Me fallaste.
-Te doy otra chance.
-Estás loca.
-Sí. Lo estoy. Pero te doy otra chance porque nos la merecemos. Necesito volver a verte.
Y lo hicimos. Tal y como lo sospechaba era perfecto para mí. Y yo parecía serlo para él.
-Estoy metido en un quilombo. Mi novia llega mañana y antes de haberse ido, hace quince días, decidimos volver a intentarlo. Empezar de nuevo. Se fue cuando nos reconciliamos y vuelve cuando ya no quiero volver a tocarla, mirarla y mucho menos, explicarle.
-No lo hagas. Olvidate de esto. Olvidemoslo.
-¿Estás loca o drogada, nena? ¿Sabés los meses que soñé con esto?
-Pero fue lo que acordamos hacer.
-Bueno, te mentí, ponele. Ya es tarde. Yo no acordé nada y si lo hice, después de esta noche, me olvidé.
-¿Y que vamos a hacer?
-¿Felices?
-Te pregunto en serio.Y te pregunté "a hacer", no "a ser"...
-Y yo te respondo en serio también. Ahora, si a vos con "ser y hacer" felices no te alcanza, bancame un mes porque ahora estoy seco.
Nunca más a partir de ese día pudimos separarnos. Su novia, se enfrentó con la verdad cara a cara, la misma noche que llegó. Mi novio entendió desde un principio que nuestro tiempo fue definitivo . El choque fue la excusa perfecta. Yo, fuí la mujer de su vida. Él, el gran amor de la mía.
Me estaba preocupando, mi Rolando Rivas no daba señales de vida por ningún medio posible. No supe de su accidente de tránsito sino hasta pasado el mediodía cuando, entre la gente que recorría el paseo mirando las vidrieras de los negocios, vislumbré la imágen de un hombre que se acercaba todo roto pero con el mismo aire triunfal de Will Smith cuando salva al mundo en "Día de la Independencia". Rengueaba y me miraba sonriente pero dolorido. Fuí corriendo a su encuentro aunque no pude saltar a su cintura , en cámara lenta y con los pelos agitados por el amor, para besarlo con la pasión de las películas.
-¡¿Qué te pasó?!
-Me la dí anoche con el bondi. Estoy acá de pedo. Casi no la cuento.
-Vení, entrá, tomemos un café.
-A mí mejor pedime un container de Diclofenac.
Me contó el accidente con lujo de detalles entre queja y queja por el dolor que sentía en las costillas.
-Y el médico ¿qué te dijo?
-¿Qué médico? Ningún médico. Con el quilombo que se me viene ahora en el laburo al único que llamé fue a mi amigo abogado, para que me asesorara y me acompañara a escabiarme.
-Asi que no te vió ningún médico...
-No. Pero me acosté con un pedo morboso y un dolor pesado en todo el cuerpo. Además si iba al hospital, me iban a querer dejar internado. Y yo tenía que desayunar con vos.
Se fue un rato antes de que llegara mi relevo. Tenía que ir a la empresa a esperar que determinaran su futuro. Yo llegué a casa y me fuí a correr. Porque sí, en algún momento fuí deportista. Llegué a la rotonda de Waikiki y lo encontré sentado solo, fumando sin parar, atónito, deprimido, mirando las huellas de una frenada violenta con dos ruedas sobre el pasto y dos sobre el asfalto, con una columna de luz desaparecida y la otra doblada.
-Con treinta días me rajaban a la mierda. Veintinueve me dieron, sin goce de sueldo. ¿Vamos hoy a la noche a tomar por algo por ahí para festejar que por lo menos sigo vivo? Decime que sí. Teneme lástima y salgamos. Mirá que la semana que viene no voy a tener guita para invitarte a hacer nada. Aprovechame ahora.
-Sí.
Nos besamos. Un asco. La combinación explosiva de su aliento a doscientos cigarrillos y lo salado de mi transpiración facial. Un verdadero asco. Salimos esa noche. Yo estaba con mi mejor amiga. Él apareció con el boga. Ellos ni se hablaban, nosotros no parábamos de besarnos. Dos desubicados... ellos, que ni se hablaron. Yo me moría por dormir en sus brazos y él, por el dolor de rodilla, espalda y costillas.
-Esto es así. Hoy te quedás con tu amiga y yo me voy con el mío. En la semana nos vemos, nos acostamos y te llevo a tu casa. ¿Te parece?
-Perfecto.
No habría nada después de eso. Era lo correcto. Lo pactado en el café. Lo necesario. Los días siguientes se apareció a desayunar conmigo. Una tarde esperó hasta que salí del trabajo y me invitó a dormir la siesta. Acepté. Llegamos al telo, charlamos demasiado tiempo y comenzamos a desvestirnos. No pudimos tener sexo.
-No sé lo que me pasa. No te voy a mentir, no es la primera vez que me pasa. Pero antes me pasó por otros motivos. Sí es la primera vez que me pasa porque me gusta alguien demasiado. Mi cabeza está yendo mas rápido que mi cuerpo. En mi cabeza ya te garché como seis veces, pero todavía ni se me paró. Si mañana no me atendés mas el teléfono, te aplaudo. Te felicito. Es lo mínimo que me merezco por ser tan pelotudo. Es más, merezco que se lo cuentes a todas tus amigas y me señalen. Ahora si me bancás, voy un toque hasta el baño a cortármela y vuelvo. Andá llamando a Cardio.
Me enamoré perdidamente de él. En todos sus aspectos. De su honestidad y de su sonrisa por sobre todas las cosas. Y estábamos en un problema terrible. Su novia volvería en una semana de Buenos Aires. Yo tenía que resolver ese "tiempo" que me había tomado con el mío.
-¿Sabés que pasa?- me gritó desde el baño. - La culpa es tuya porque a mí jamás se me cruzó por la cabeza que vos algún día podías llegar a darme bola, ¿entendés?. Vos sos la típica mina que se sube al bondi, tiene un novio con una 4x4 esperándola, son felices, y nunca pero nunca se va a fijar en un tipo como yo. Me fallaste.
-Te doy otra chance.
-Estás loca.
-Sí. Lo estoy. Pero te doy otra chance porque nos la merecemos. Necesito volver a verte.
Y lo hicimos. Tal y como lo sospechaba era perfecto para mí. Y yo parecía serlo para él.
-Estoy metido en un quilombo. Mi novia llega mañana y antes de haberse ido, hace quince días, decidimos volver a intentarlo. Empezar de nuevo. Se fue cuando nos reconciliamos y vuelve cuando ya no quiero volver a tocarla, mirarla y mucho menos, explicarle.
-No lo hagas. Olvidate de esto. Olvidemoslo.
-¿Estás loca o drogada, nena? ¿Sabés los meses que soñé con esto?
-Pero fue lo que acordamos hacer.
-Bueno, te mentí, ponele. Ya es tarde. Yo no acordé nada y si lo hice, después de esta noche, me olvidé.
-¿Y que vamos a hacer?
-¿Felices?
-Te pregunto en serio.Y te pregunté "a hacer", no "a ser"...
-Y yo te respondo en serio también. Ahora, si a vos con "ser y hacer" felices no te alcanza, bancame un mes porque ahora estoy seco.
Nunca más a partir de ese día pudimos separarnos. Su novia, se enfrentó con la verdad cara a cara, la misma noche que llegó. Mi novio entendió desde un principio que nuestro tiempo fue definitivo . El choque fue la excusa perfecta. Yo, fuí la mujer de su vida. Él, el gran amor de la mía.
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