lunes, 21 de julio de 2025

En esta vida solo quiero mate, memes y mis amigxs cerca.

 La amistad, che… esa maravilla argenta que empieza con un “¿te copa salir?” y termina con un “acá estoy, siempre”.

Porque si algo sabemos hacer bien en este país —además de asado, mate y quejarnos con razón— es armar una familia paralela de amigos que no te juzgan si llegás con cara de lunes un sábado, si llorás por el mismo ex por quinta vez, o si te ponés en pedo con dos fernet.


Amigos son los que aparecen cuando todo se cae… o cuando hay chisme.

Los que te dicen la verdad aunque duela, pero después te ceban el mate con cariño.

Los que no te abandonan ni cuando tu vida parece un capítulo de Casados con Hijos cruzado con Black Mirror.


Son los que te mandan memes en vez de terapia.

Los que sabés que si no te responden en el grupo es porque están vivos, ocupados o con resaca.

Los que te bancan en el barro y en la gloria.

Y que, aunque pasen meses sin verse, cuando se juntan es como si no hubiese pasado ni un día.


Porque la amistad no tiene obligación, pero sí compromiso.

No tiene reglas, pero sí códigos.

Y no siempre tiene la misma intensidad, pero si es real, se convierte en un vínculo atemporal.


Así que brindemos hoy por esa familia elegida, la que nos salva todos los días de perder la cabeza y nos recuerda que, por más que todo esté jodido, con amigos cerca, la vida siempre vale el quilombo.


domingo, 6 de julio de 2025

Un turro al año no hace daño (y a veces hasta hace bien)

 Hay que decirlo con todas las letras: el turro tiene mala prensa. Pero en el fondo… todos tuvimos uno que nos sacó una sonrisa, nos revolvió el alma y nos hizo sentir más vivas que una alarma de incendio a las 3 de la mañana.


Porque el turro, ese espécimen argento de manual, no se caracteriza por la estabilidad emocional, ni por la responsabilidad afectiva. Pero ¡cómo besa! ¡Cómo mira! ¡Cómo te hace reír en el momento justo!

Es el que te manda un “¿estás?” a las 2.14 a.m. y vos, aunque ya sabés cómo termina la película, igual la volvés a ver porque hay algo en esa forma de llegar tarde… que te toca.


El turro es encantador sin esfuerzo, contradictorio, intenso, y –aunque lo niegue– bastante sensible.

Te puede hablar del último partido de la Libertadores y, en la misma conversación, contarte que sueña con tener una cabañita en el sur y un perro que se llame Marley.

Tiene cero planes de futuro contigo, pero te hace sentir que sos el presente más vibrante de su vida.


Y no, probablemente no sea el que se quede.

Pero a veces se necesita uno que no se quede, pero que te despierte.

Uno que te devuelva al cuerpo, a la piel, a las ganas.

Que te haga perder un poquito la cabeza para después encontrarte más lúcida que nunca.


Así que no lo niegues.

No lo ocultes.

No lo odies.


Porque si fue un turro de los buenos, te hizo reír, te hizo vibrar y, al final del día, también te enseñó algo.